Frente Amplio

La pedagogía de un paro de mujeres

Como cada ocho de marzo, estos últimos años hemos decidido hacer un paro. Si, una huelga. Y como cada ocho de marzo cuesta explicar –muchísimo- que este es un paro de mujeres. ¿Por qué un paro de mujeres? dicen los hombres. ¡Queremos solidarizarnos con ustedes! ¡Queremos parar todos!.

¡No, no, no! Es un paro sólo de mujeres, porque en este día, ustedes van a tener que hacer –también- el trabajo de nosotras. Es un paro pedagógico. Queremos que los hombres se den cuenta de lo que sería un mundo en que las mujeres no trabajáramos. Y donde ellos tuvieran que hacerlo todo. ¡A grandes lecciones, grandes enseñanzas!

Las feministas españolas anuncian “un paro de cuidados”. ¡Qué excelente idea! Imaginémonos un día entero sin cuidar a nadie. Pero imaginémonos, además, que ese cuidado que no prodigamos, lo prodigará otro. Por eso un paro de cuidados también es un paro pedagógico: enseñamos aquello de la “corresponsabilidad” en los cuidados. Para que como sociedad nos hagamos cargo de la fragilidad de la vida. Y para que entendamos que no será posible nunca –ni querríamos- mercantilizar todo el cuidado, y que para que esto sea posible sin explotar a las mujeres, la corresponsabilidad se impone. Sí, un paro “de cuidados”, con corresponsabilidades tan claras como en el mundo del trabajo, es una gran lección de pedagogía feminista.

La pedagogía del paro va más allá: “sin nosotras no se produce ni se reproduce”, dicen las feministas españolas. Hace siglos, Aristófanes escribió una obra de teatro Lisístrata, donde las mujeres hacen huelga sexual para garantizar la paz y poner fin a la Guerra del Peloponeso. ¿Somos concientes nosotras mismas de la cantidad de huelgas sexuales en contra de la violencia que se han hecho en la última década y media en el mundo? Liberia en 2003, Colombia en 2006 y 2011, Kenia y Turquía en 2009, Bélgica y Filipinas en 2011, Togo en 2012….la lista es larga. Un paro feminista es también un paro pacifista, un paro contra las armas, porque las armas se hicieron para matar. Y las mujeres paramos a favor de la vida, y contra toda violencia.

El paro de mujeres transmuta todo lo privado en público. Las marchas del 8 de marzo se transforman en una manifestación política dura, firme, clara: nada sin nosotras. Y dejan de ser sólo una marcha más (por más solidaria, alegre y combativa que sea), para ser un grito de protesta sonando alto.

En este 8 de marzo, queremos corresponsabilidad en todo; en la marcha y en la procesión, en el empleo que se paga y en el trabajo que no se paga, en el poder político que decide, y en la participación política cotidiana que construye. Queremos estar en la foto, y lo que es más importante, queremos sacar nosotras las fotos. Queremos que se diga “presidenta”, “Ministra”, y que nadie nos tire con la Real Academia Española para justificar que todo plural es masculino.

Queremos que cambie el lenguaje y también que cambie el mundo. Y los hombres que lo nombran. Porque este 8 de marzo, es el momento de pasar nosotras a contar la verdadera y silenciada historia del mundo.

Constanza Moreira