Frente Amplio

La izquierda en su laberinto. A propósito del Plenario Nacional del FA

Este sábado 25 de julio se realizará un Plenario Nacional del Frente Amplio que tendrá dos cometidos. Por un lado, se analizará el resultado electoral de la ronda 2014-2015 y se examinarán los casos de los compañeros que por una razón u otra pasaron al Tribunal de Conducta Política. Por otro lado, se determinará el plan de trabajo para la elección de las nuevas autoridades que gobernarán el FA en el futuro.

El FA está hoy gobernado por una Presidenta –por todos conocida-, elegida en elecciones directas y a padrón abierto, en todo el país. La elección tuvo lugar en 2012 y se presentaron cuatro candidatos: Mónica Xavier, Ernesto Agazzi, Enrique Rubio y Juan Castillo. Mónica triunfó por amplio margen sobre sus competidores, y a poco de iniciar su mandato nombró a tres Vicepresidentes: Juan Castillo, Ivonne Passada y Rafael Michelini. Este es el actual equipo de gobierno del FA. Una de las decisiones que habrá que tomar es si este equipo sigue o no y, si no siguiera, por quién debiera ser reemplazado.

Uno de los temas que está en danza este sábado es el de la incompatibilidad para asumir el cargo de Presidente del FA y, a su vez, desempeñar otro cargo de representación o gobierno (la resolución nada dice sobre incompatibilidades con la función privada, cosa curiosa). Un Plenario así lo decidió, para intentar evitar la doble asignación de tareas que tuvo Brovetto, el anterior Presidente del FA, que fue además Ministro de Educación y Cultura. Cuando Mónica fue elegida Presidenta, debió renunciar al Senado. Sin embargo, hoy es Senadora electa nuevamente. ¿Cómo pasó eso?

Luego de que el Plenario tomara una decisión inicial bastante drástica, flexibilizó su posición y permitió que Mónica se presentara a elecciones parlamentarias, siendo llevada por varias listas de sectores. Fue elegida por la lista 90, donde figuraba lo suficientemente arriba como para que entrara, pero en los hechos, su banca en el Senado es una banca “frenteamplista” a secas. Luego, otra decisión del Plenario le permitió asumir como Senadora. Desde el 15 de febrero, Mónica es Senadora por el FA, y nada indica que haya resentido sus tareas como Presidenta del FA por ello. Y no he escuchado a nadie protestar por esto, o realizar una mala evaluación de la gestión.

Sin embargo, ahora se plantea nuevamente que Mónica o debe renunciar al Senado o debe renunciar al FA, puesto que la decisión de la incompatibilidad nunca fue levantada.Dado que recién entra al Senado, que la mayoría de las listas del FA la presentó como Senadora, y que un Plenario se lo permitió expresamente, suena un poco extraño pedirle ahora que renuncie al Senado. Y tan extraño es, que nadie se lo pide.

Queda claro entonces que lo que se le pide, es que renuncie a la Presidencia del FA. Pero presionar a un Presidente legítimamente elegido en comicios abiertos, donde le ganó ampliamente a sus competidores, para que a treinta meses de su mandato (Brovetto, Tabaré y Seregni nunca tuvieron plazos) renuncie a la Presidencia, deja al FA mal parado. Implicaría desconocer la voluntad popular de miles de frenteamplistas que se pronunciaron democráticamente en las urnas y sería contraproducente para el funcionamiento de la fuerza política. Nadie debería dejar al FA sin gobierno ni presidencia porque un día, un Plenario, votó la incompatibilidad de funciones.

Por consiguiente, creado el mal (obligar a Mónica a que renuncie), se crea la solución (igual de mala, por su vicio de origen): nombrar un gobierno “provisorio”. Nadie dijo cómo ni quién se va a elegir, ni los criterios por los que unos compañeros, designados en los Plenarios o Congresos, van a ser electos para representar a “todo” el FA. De prosperar la operación, habrán depuesto un gobierno legítimamente electo por uno “designado”. Y el carácter de “provisorio” no eliminará el vicio de legitimidad que lo acompañará siempre, ni el acto de destitución en que estuvo fundado.   

Esta idea, sin embargo, fue prosperando. Primero, se habló de un triunvirato. Luego, comenzó a ampliarse su número y se pasó a un quinteto. Mañana, podrán ser nueve, once, o veinticinco. Poco importa. Jamás tendrá la legitimidad de un gobierno electo. Y la representación de quienes lo compongan, todos sabemos, será un cálculo de “sectores” más o menos poderosos y de “bases” inspiradas por ellos.

El FA está hoy en su laberinto. Un laberinto en que los procedimientos importan más que la sustancia de las cosas. O los procedimientos sirven de “excusa” para tomar decisiones sustantivas, sin que parezcan tales. Se les sustrae a la gente, en nombre de los procedimientos, lo que en verdad está en juego. Y ocultar “el alma de los hechos”, decía Onetti, es la peor forma de traicionar a la verdad.

Porque si bien nadie deja de admitir que, votada la incompatibilidad, habría que haberla respetado a rajatabla, todos sabemos que la incompatibilidad es una decisión de un Plenario: no es un estatuto ni una norma inviolable, ni una vara para medir desempeño, ni una excusa para deponer a nadie.

Así, nos volvemos ritualistas cuando la discusión sobre los procedimientos es un “atajo” para no discutir los fines. Porque, ¿de qué estamos hablando? Nada más ni nada menos de que el FA debe seguir funcionando, hasta que haya elecciones para designar nuevas autoridades. Y nadie entiende por qué el actual equipo, con su Presidenta, no debería continuar hasta las próximas elecciones. “Porque terminó su período”, dirán los frenteamplistas sesudos en procedimientos, y cuidadosos de la forma, aunque casi nadie de “los de afuera” –los que nos votan, los que construyen izquierda todos los días- sepa de qué estamos hablando.  Y habrá que explicarles entonces que la idea de un gobierno del FA electo en elecciones abiertas fue tan resistida por bases y algunos sectores, que la solución para convencerlos fue transar en que fueran electos, sí… pero con plazo de expiración. ¡Qué trampa mortal se construyó entonces! Mientras los anteriores presidentes eran designados, no había plazo para que finalizaran su gestión; pero una vez electos, comenzaba a correr el reloj.

En todo caso, los plazos pasaron. O se hacen elecciones ahora, o se prorroga la presidencia actual de Mónica, o el FA entrará en una fase de gobierno provisorio, en una zona gris donde su gobierno se vuelva inoperante, desconocido y su realidad sea últimamente incomprensible para todos (como es incomprensible para la mayoría de los frenteamplistas, entender qué es lo que tiene entrampado al FA desde hace meses). Pero alguien podrá preguntarme, y eso, ¿a quién le importa?

Ah, nos importa a muchos. A los que queremos un Frente Amplio fuerte, potente, capaz de discutir el TISA (que todavía no está saldado), pero también el tratado del Mercosur con la Unión Europea (que ya está encaminado, pero sobre el que no hablamos). Capaz de discutir la reforma constitucional (que todavía no está materializada en una propuesta concreta) pero también la nueva Fiscalía de Corte (proyecto a estudio del Parlamento y que el FA como tal jamás ha discutido). Un Frente Amplio que no se distraiga mirando el lugar equivocado (el de las cosas que aún no suceden), sino capaz de tomar partido por lo que está pasando hoy mismo. Un FA que diga algo sobre el acuerdo Anep-Google o la Ley de Zonas Francas, porque si tanto nos preocupa el “imperialismo” hay que tomarse en serio esto de los acuerdos con multinacionales que tienen tres veces el tamaño del Uruguay o con empresas extranjeras a las que tratamos mejor que a las nacionales. Los que queremos un FA fuerte, potente, capaz de discutir lo que importa y está en juego ahora, necesitamos un gobierno del FA. Este que está ahora, puede que tenga defectos. Pero no se puede cambiar por ningún gobierno que no sea electo por la más amplia voluntad popular que seamos capaces de concitar. Y no deberían 152 compañeros en un Plenario del FA los que alteraran esos hechos.  

La teoría de la democracia nos enseña tres cosas. La primera: si los partidos políticos son la base de la democracia, los primeros que deben pasar el test democrático, son ellos mismos. Prediquemos con el ejemplo, compañeros. La segunda, es una verdad bien simple: gobiernos electos se reemplazan por gobiernos electos. La tercera es que, si se abre la participación, no se puede cerrar después. Para quienes queremos un FA fuerte, activo, crítico y lleno de vida, este sábado, se escribe un capítulo de la historia.

Constanza Moreira