Frente Amplio

La democracia plebeya

La Senadora Constanza Moreira reflexiona sobre el Foro Emancipaciòn e Igualdad, celebrado en Buenos Aires, con la participación de políticos y académicos de América Latina y Europa. Lee aquí la columna completa.

La pasada semana tuvo lugar en Buenos Aires el Foro de “Emancipación e Igualdad” con participación de políticos y académicos de una veintena de países (*). El encuentro concentró parte del "pensamiento rebelde" latinoamericano, y se oyeron allí convocatorias a la unidad de la región, a la disputa contrahegemónica contra el neoliberalismo, y a la profundización de la democracia participativa. Las amenazas contra Venezuela estuvieron presentes en casi todos los discursos, pero también las que se ciernen sobre el flamante segundo período de Dilma Rousseff. Hasta aquí, lo propio de un foro latinoamericano de izquierdas.

Sin embargo, en el evento llamaban la atención dos aspectos poco frecuentes en estos foros. El primero, era la presencia de Europa. De nuevas y de viejas izquierdas europeas. La novedad era el Podemos de España, todavía una promesa, pero también Syriza, la esperanza de un gobierno por izquierda en la convulsionada Grecia, que llega para desnudar la incomprensión del "establishment" europeo sobre la importancia de apoyar a estos gobiernos que vinieron a relegitimar la política, antes de que ésta comience a morir de inanición, y de lugar a las derechas agazapadas, que vuelven a por lo suyo.

A la cita no faltaron Irlanda y Portugal. Estaba el Sinn Fein, partido republicano de Irlanda, quizá uno de los más viejos de ese país, y la vieja izquierda portuguesa, luchando por volver. La novedad también radicaba en que América Latina podía advertirle a Europa, luego de dos décadas de "reformas económicas", sobre la deriva inevitable de las políticas de austeridad y ajuste: aumento de la pobreza, la desigualdad y el desempleo, en el horizonte más próximo. Pérdida de soberanía, deslegitimación de la política, y desintegración social, como horizonte mediato.

Nuevas izquierdas europeas desafiando "el ajuste", con nuevas voces, buceando en la experiencia del "giro a la izquierda" latinoamericano para encontrar respuestas, iniciativas, proyectos. Toda la creatividad, el ingenio y la reformulación de los problemas de la izquierda, parecen centrarse ahora, en nuestro continente. Esta es una de las primeras novedades del Foro.

La segunda novedad, y que destacaba en el evento, era la fuerte presencia de mujeres. No eran sin duda más que los hombres (ellos siempre son más), pero fueron absolutamente descollantes. Piedad Córdoba, exsenadora colombiana, suspendida 32 años en sus derechos políticos (y no vimos a los medios de prensa uruguayos levantar sus protestas ante esta violación flagrante de los derechos políticos cuanto esto aconteció....), compareció en las primeras mesas, alertando sobre lo elemental: el proceso de paz en Colombia debe ser cuidado y protegido. La militarización (y paramilitarización) colombiana es un freno muy efectivo a los proyectos de una América Latina autónoma de Estados Unidos, unida políticamente y soberana económicamente. Mientras haya"excusas" para militarizar Colombia, la región nunca podrá vivir tranquila.

Dos mujeres comprometidas con la lucha armada, y hoy referentes políticas en sus países, marcaron una fuerte presencia en el evento (estamos más acostumbrados a "los comandantes" que a "las comandantas"). Martina Anderson, irlandesa, presa durante 30 años en las cárceles británicas por su compromiso con la Irlanda Republicana, y hoy eurodiputada. La segunda, Nidia Díaz, salvadoreña, fundadora del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional - FMLN, y diputada en la Asamblea Legislativa.

Pero quizá las jóvenes fueron quienes se llevaron las palmas: no sólo Camila Vallejo, ya tan conocida, sino otras dos referentes, seguramente menos célebres por estas latitudes, pero con una oratoria capaz de cautivar el corazón del mundo. Gabriela Rivadeneira, Presidenta de la Asamblea General de Ecuador, puso sobre la mesa los nuevos temas de la izquierda: la búsqueda del "buen vivir" como alternativa civilizatoria, la reinvención de un nuevo vínculo con la naturaleza, y un modo de desarrollo solidario con las nuevas generaciones. Su oratoria fue tan brillante, tan lúcida, y tan encendida, que la aplaudió de pie un teatro repleto durante varios minutos.

Luego estuvo Gabriela Montaño, Presidenta del Senado de Bolivia, y amiga de las causas feministas. Nos recordó cómo hay que traducir el conflicto social en "cuestión política" y articular movimiento social e institucionalidad política, cómo cambiar las leyes y las constituciones puede ser revolucionario, como ser revolucionario es también ser feminista, y cómo cuando hay voluntad política se puede: la mitad de los legisladores bolivianos son mujeres. Pero nos recordó algo más importante, y que está en la cruz de los caminos de los procesos de izquierda en el continente: cómo construir una democracia plebeya. Cómo disputar las calles. Y cómo nuestros gobiernos nacen de la calle.

Las izquierdas hoy dialogan mejor con "lo popular", se dijo a lo largo y ancho del evento. Y sin vergüenza se señalaba: son "más populistas". Recordé a un viejo profesor brasileño, César Guimaraes, que protestando contras las lecturas de la academia norteamericana sobre el populismo como "irresponsabilidad fiscal", "demagogia movimientista”, y algunos atributos más, señalaba: "populismo es cualquier política, gobierno o político que tenga algo que ver...con el pueblo". Así, la "democracia populista" se contraponía a la democracia "elitista". Como buen lector del marxismo, Guimaraes no dejaba de advertirnos que "las masas se comportan como masas cuando aún no se comportan como clases". El populismo, en la perspectiva de la izquierda brasileña, era el proceso de expansión primario, primitivo, pero indispensable, de la participación de las grandes masas en la política, que sería la antesala de otros cambios. 

Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, habló de "la democracia de la calle, de la asamblea, de la marcha, de la comunidad", y le llamó "la democracia plebeya". Parece haber una dualidad institucional entre la democracia representativa y la democracia "de la calle", dijo. Pero esta democracia del encuentro en la calle, en el sindicato, en la comunidad, en el barrio, es la que permite superar la institucionalidad fósil, envejecida, gastada, de los viejos sistemas de partidos.

Me pregunté si nuestra izquierda había nacido, como estas otras, de la calle. Y me dije que sí; que en nuestro origen también estuvo la calle, la marcha, las manifestaciones. Y que también antes de haber partidos y elecciones hubo calle, y huelgas, y sindicatos, y solidaridad. Hubo un "abajo nervioso", y luego organizado. Y un colectivo que se reconoció a sí mismo no sólo en la estrategia política de la razón, sino también en la conmoción de las emociones y los afectos. Sí, nosotros también habíamos nacido de la política de la calle. Y fue esa calle la que nos dio el atisbo de la victoria posible, cuando los medios anunciaban derrota, aquel último acto del Frente Amplio antes del 26 de octubre de 2014, cuando los frenteamplistas se volcaron como un mar con sus banderas para decir sí, aún hay ilusión, aún hay esperanzas, y otro mundo es posible.

Hoy quiere reivindicar esa política plebeya en estos otros rostros, en estos otros cuerpos e identidades que levantan su voz en la nueva política de la izquierda latinoamericana. La democracia plebeya no puede ser posible si en su conducción no intervienen decidida y protagónicamente esa todavía "periferia" de la política que son las mujeres. La democracia plebeya no puede ser posible si en su liderazgo falta la energía, entusiasmo e irreverencia de los jóvenes. La democracia plebeya necesita a estos jóvenes y a estas mujeres sin miedo. Aventurados a construir lo que aún no es: nuevas palabras, nuevos sentidos. Como esa palabra "podemos" que es colectiva por definición, para desterrar la idea de que uno solito si quiere puede, y mejor si es solito porque no tendrá que compartir entonces su éxito con nadie. Es "podemos", y no "el que quiere puede".  El "podemos" es la definición colectiva y fundacional de esta democracia plebeya que reclama sus liderazgos plebeyos, su gramática plebeya, y su corazón sentimental y emocionado, como sólo lo puede ser el corazón del pueblo.

(*) El Foro Internacional "Emancipación e Igualdad" se realizó en Buenos Aires entre el 12 y el 14 de marzo de 2015, auspiciado por el Ministerio de Cultura de la Argentina. Puede accederse a las exposiciones en www.foros.cultura.gob.ar

Columna publicada en el diario "La República", el 17 de marzo de 2015