Frente Amplio

La Casa Grande y el apoyo a Daniel Martínez: precisiones imprescindibles

La Senadora Constanza Moreira se refiere al proceso de discusión e intercambio que se generó en Casa Grande previo a resolver el apoyo de dicho espacio a la candidatura de Daniel Martínez para la Intendencia de Montevideo.

El pasado 15 de diciembre, todos los grupos que compusieron el sublema Casa Grande (sublema que agrupó tres listas que se presentaron con un Senado común en las elecciones de octubre, y nueve grupos nacionales en total) (1), fueron convocados a una reunión para decidir el futuro de las candidaturas para las elecciones departamentales en Montevideo. Se habló del “espacio político” que existía para la presentación de una tercera candidatura, pero en general, se consideró que no teníamos ni los nombres ni los recursos humanos y materiales para emprender tal tarea, luego del desgaste de un largo e intenso año de trabajo. Se le pidió a todos los grupos que, una semana más tarde, si tenían buenas ideas para una tercera candidatura que involucrara nombres conocidos por los montevideanos, y la alianza con algún otro grupo fuera de Casa Grande, lo trajeran. En caso contrario, trabajaríamos en la perspectiva de apoyar a Daniel Martínez o a Lucía Topolansky, y estudiaríamos la posibilidad de tener un sublema común, o, incluso, una sola lista.

El 29 de diciembre nos volvimos a reunir. El PVP traía el nombre de Pablo Anzalone, pero para entonces ya se había creado un grupo de Facebook promocionando su candidatura. Varios de los grupos manifestaron su desacuerdo con la instalación “de facto” de una candidatura que aún no había tenido respaldo. En la misma reunión, varios de los grupos descartaron su apoyo a la tercera candidatura, y se empezaron a escuchar las manifestaciones a favor de Daniel Martínez. Nadie lo hizo a favor de Lucía. Por respeto a la candidatura de Pablo Anzalone, que recién “formalmente” se estaba presentando en el espacio Casa Grande, se pidió a los grupos que fueran madurando una decisión, a presentar el día 8 de enero. Pablo Anzalone había puesto su nombre a disposición si el resto de los grupos lo acompañaba.

En los primeros días de enero, la “tercera candidatura” fue obteniendo su espacio en los medios de comunicación. El semanario Brecha hizo una cobertura especial, y Lucía Topolansky se manifestó a favor. La tercera candidatura se iba instalando “a pesar” de que la mayoría de los grupos de Casa Grande no estaba a favor. Ante esta situación, se le pidió a los grupos que, por escrito, dieran su parecer, y concurrieran a una reunión el día 12 de enero. En tal encuentro, los grupos Alternativa Frenteamplista, Izquierda Programática, Magnolia y MIA se pronunciaron por Daniel Martínez. El PVP continuó con la idea de una candidatura alternativa e Izquierda en Marcha lo acompañó, mas estos dos grupos, en ningún momento mencionaron el nombre de Virginia Cardozo: durante todo el proceso de intercambio, el único nombre que plantearon fue el de Pablo Anzalone. El PST, por su parte, también se manifestaba a favor de una candidatura alternativa, pero otra (la de Alejandro Zavala, que nunca había sido puesta sobre la mesa) y en caso contrario apoyaría a Lucía Topolansky.

Al día siguiente, el 13 de enero, convoqué a una conferencia de prensa con dos objetivos. El primero era dejar muy en claro que, tal como lo habían expresado la mayoría de sus grupos, Casa Grande no apoyaría una candidatura alternativa (si el PVP quería hacerlo, lo debía hacer deslindándose de Casa Grande) y el segundo, dar mi apoyo personal y político a Daniel Martínez, con el pronunciamiento explícito a su favor de cuatro grupos, y esperando la resolución del Ir a posterioridad. El Ir se pronunció a favor de la candidatura de Daniel Martínez días después, el 21 de enero.

En medio de la discusión por las candidaturas de Montevideo, un grupo de personas decidió formar otra agrupación política, a la que pusieron el curioso nombre de “Lucrecia Barredes” (2). La carta por la cual se creaba este “nuevo” grupo político la recibí el día 11 de enero. Rápidamente este grupo se expidió por la tercera candidatura, expresando su malestar en las redes sociales por “no haber sido consultados” al respecto. La consulta se hizo a los grupos que tenían un cierto grado de formalidad como grupos, distinguiendo a los que disputaban en la arena electoral y habían presentado listas propias, y a algunos, que no habiéndolo hecho, habían fungido en carácter de tales en, por lo menos, el último año.

Cuatro días después de la conferencia de prensa en la que hice público mi respaldo a Daniel Martínez, y ante el asombro de varios, el PVP resolvió, con el apoyo de Izquierda en Marcha, y de la novel agrupación Lucrecia Barredes, presentar la candidatura de Virginia Cardozo, cuyo nombre nunca habían puesto a consideración a lo largo de todo el mes de discusión interna que se había abierto en Casa Grande.

El exhaustivo relato que hago tiene como propósito reconstruir dos versiones falsas que circularon en las redes sociales, y que los medios se aprontaron a amplificar. La primera es que la decisión fue “apresurada” e “inconsulta”. Hubo un mes para decidir, y se consultó varias veces a todos los grupos. La segunda es que la decisión por Daniel Martínez contraría el espíritu de los grupos que integran Casa Grande: existió una clara mayoría que descartó una tercera candidatura y también hubo una clara mayoría a favor de Daniel Martínez.   Cuestiones de principios

El racconto anterior sólo fue hecho a los efectos de esclarecer “la verdad” de los acontecimientos. Las cosas se sucedieron exactamente como se relataron, y no de otra manera. Interpretaciones y valoraciones ha habido muchas en este tiempo. Pero la verdad es una sola: no quisimos candidatura alternativa y votamos por Daniel Martínez. Yo, especialmente, me pronuncié por ambas cosas. Pero me hubiera resultado imposible hacerlo si la mayoría de los grupos hubiera optado por Lucía Topolansky, o si hubieran entendido que la candidatura de Pablo Anzalone (la única considerada durante todo el período de discusión e intercambio) era la mejor alternativa posible.

“Vos, aliándote con el Frente Líber Seregni”, escuché, “Vos, aliándote con un lata”, escuché. Parecía que yo, y Casa Grande, nos habíamos “aliado” al enemigo. La virulencia de estas afirmaciones me sorprendió. Y quise compartir con Uds. estas reflexiones.

Se dice (la politóloga Ana Laura di Giorgi lo aborda en su libro “Las tribus de la izquierda”) que existen tres culturas básicas en el Frente Amplio: latas, tupas, bolches. Y sin duda hay que reconocerle a los latas, tupas, bolches, haber desarrollado una idiosincrasia particular y una cultura propia en la izquierda. Sin embargo, para muchos como yo –sospecho que para la mayoría de nosotros- ninguna de las tres culturas nos calza. No somos ni latas, ni tupas, ni bolches. La razón es muy simple: crecimos frenteamplistas. Crecimos en hogares donde nuestros padres, si eran de izquierda, eran ex algo, pero frenteamplistas siempre, y nosotros, nos fuimos definiendo por cosas distintas a lo largo del tiempo.

La mayoría de los integrantes de Casa Grande viene de algún lado: latas, tupas, bolches, pero también vertientistas, anarquistas, frenteamplistas independientes...Una buena parte viene de los movimientos sociales, siendo profundamente de izquierda, pero entendiendo la izquierda de un modo muy distinto al “político-partidario”: tenemos dirigentes sindicales, feministas, dirigentes estudiantiles y militantes de varias causas.

Lo he dicho y repetido varias veces: en la lucha por la despenalización del aborto, en su fase final, dos de nuestros principales aliados fueron Luis Gallo (Asamblea Uruguay) y Quico Souza (Cap-L). Eso se llama “transversalidad” de la política. Y en la lucha por las leyes para anular la ley de Caducidad, el Nuevo Espacio fue un aliado imprescindible. Así como no hubiera sido posible sacar el ICIR sin el MPP, ni la ley de regulación de la cannabis sin el apoyo de Julio Calzada (lista 711). Mirado de cerca, lo que importa no es la “pureza” de un grupo, sino el trabajo de transversalidad de izquierda, dentro de todo su espectro.

El “sect(o)rismo” del Frente Amplio puede significar su propia ruina. Los grupos políticos son buenos para organizar a las personas, pero si generan una identidad sectorial tal que les impide ver a los otros grupos como “compañeros” o “aliados” en la misma causa común del Frente Amplio, entonces, andamos mal. Por ponerlo en términos antropológicos: si la competencia intra-FA se vuelve envenenada, agresiva, y descalificante, el que pierde, es el propio FA. Porque el FA, es un ensayo de tolerancia. Y por eso estamos a favor del pluralismo, pero no del sectarismo.

No, no nos vamos a “aliar” con el Frente Líber Seregni, ni con los “latas”. Vamos a acompañar a Daniel Martínez. Porque nos parece un muy buen candidato. Está dispuesto a afrontar la tarea de la Intendencia desde hace mucho tiempo, y tiene condiciones para hacerlo. Méritos más que suficientes.

Pero estas razones también están vinculadas a no acompañar una candidatura alternativa. En las elecciones internas, nosotros creamos una candidatura “alternativa” a la de Tabaré, y el propio movimiento que lo llevó a cabo no fue creado por ninguno de los grupos que componen Casa Grande, sino por un grupo de jóvenes, de militantes de base, y sobre todo de mujeres, que decidieron luchar por las candidaturas múltiples. No tuvimos el apoyo de nadie, y luchamos solos.

Pero Casa Grande (3) no presenta candidatura propia por razones más profundas. En primer lugar, puede ser que a mucha gente no le guste ni una cosa ni la otra…pero en la vida hay que elegir. Y para quienes no les gustan las polarizaciones, es preciso recordar que la izquierda misma es hija de las polarizaciones. Nosotros polarizamos la política, la volvimos de izquierda y de derecha, y Seregni es el principal inventor de esta idea.   

En segundo término, presentar candidato propio de “los sectores” es algo que revela la propia fragilidad del Frente Amplio, y su “sectorialismo”. En las elecciones internas del FA del año 2012, muchos esperamos por un candidato independiente…pero no apareció: todos los candidatos presentados (Mónica Xavier, Enrique Rubio, Ernesto Agazzi, Juan Castillo) eran “cabezas” de sector. A muchos nos pareció un error. Y si Mónica Xavier terminó siendo Presidenta del Frente Amplio, fue porque más de un sector la apoyó. Presentando nosotros un “candidato de sector” Casa Grande reproduciríamos la misma lógica que combatimos.

En tercer lugar, es comprensible que un grupo grande como el MPP quiera tener un candidato propio. Pero, ¿nosotros? ¿Con el 7% de los votos del FA? Tener un candidato “Casa Grande” sería jugar al internismo, al reforzamiento de nuestro círculo próximo y de nuestra identidad como “sector”. Pero nosotros no queremos ser un sector más del FA; otro que luche por su identidad, por sus cargos, por su derecho a existir. Queremos mucho más que eso, queremos abrir, queremos crear cultura frenteamplista, luchar contra el sectarismo en el FA, tender los puentes con el resto, y sobre todo, practicar la transversalidad sin la que ninguna política es posible. Transversalidad entre los grupos del FA para luchar por las cosas que importan: el dilema del desarrollo uruguayo, el combate al poder fáctico extra-político, la lucha por la democracia, los derechos, las libertades y la dignidad de la vida humana, y consolidar un proyecto de izquierda coherente con una mirada de largo plazo.

Para ello es necesaria la organización y la competencia electoral. Pero la competencia electoral es un instrumento para organizarnos, no un fin en sí mismo. En estas elecciones, apoyaremos a Daniel Martínez dejando perplejos a unos cuantos, y complejizando el mapa de la izquierda. Con el apoyo de la Vertiente Artiguista, y de la mayoría de los grupos de Casa Grande,  Daniel Martínez será mirado con un poco más de cuidado y afecto del que se le ha proporcionado estos años.

Y a no engañarse: el gobierno de Ana Olivera no es un gobierno “de comunistas”: hay directores de departamentos y divisiones de todos los sectores políticos. Y así debe ser. En estas elecciones, compañeros y compañeras, recordemos lo de siempre: votamos FA. Eso sí, esta vez, votamos con varios candidatos.  


            (1) Estos grupos son: Alternativa Frenteamplista, IR, Izquierda en Marcha, Izquierda Programática (agrupación que surgió posteriormente a las elecciones internas), Magnolia, Movimiento de Integración Alternativa (MIA), Partido por la Victoria del Pueblo (PVP), Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y Resistir. En el mes de octubre, se incorporaron también los Claveles Rojos. Además, integraron el sublema Casa Grande los grupos Arerunguá de Salto, la lista 939 de Maldonado, la lista 6 de Rocha y la lista 1971 de Durazno (Orejanos). En las elecciones internas, presentaron listas Alternativa Frenteamplista, Ir, Izquierda en Marcha, Magnolia, MIA y el PVP. Los grupos más votados en junio fueron el PVP, Ir y Alternativa Frenteamplista. En los comicios de octubre, la lista 3311 fue la que reunió al mayor número de grupos del sublema Casa Grande, siendo la hoja de votación más votada dentro del mismo. En todo el país, la lista 3311 agrupó a Magnolia, PVP, Izquierda en Marcha, Alternativa Frenteamplista, Izquierda Programática y Claveles Rojos. En Montevideo, la lista 3311 estuvo compuesta por Alternativa Frenteamplista, PVP, Izquierda en Marcha y los Claveles Rojos (si bien este último grupo no figuró en la lista) y también fue la más votada del sublema, obteniendo una banca en la Cámara de Representantes. El PVP e Izquierda en Marcha, los grupos que ahora apoyan la candidatura a la Intendencia de Virginia Cardozo, no marcaron votos propios en octubre. El Ir, por su parte, presentó su propia lista al Senado (salvo en el departamento de Colonia, donde concurrió a las urnas junto con la lista 3311, bajo la lista “ruc” 3293311) y obtuvo una banca en Montevideo. El PST integró el Senado común pero presentó listas propias en todos los departamentos.   (2) La agrupación Lucrecia Barredes está compuesta por un conjunto de militantes que se nuclearon originalmente en “Redes por Constanza”, un grupo de Facebook que se formó en 2013, y al que yo misma había encargado la organización de una serie de charlas que se realizaron en el marco de la campaña electoral rumbo a octubre, en el local de Casa Grande.

(3) En una nota de la periodista Natalia Uval publicada el pasado 26 de enero en La Diaria, se entrevista a una integrante de la agrupación Lucrecia Barredes, quien sostiene que la creación de símbolos y canciones es colectiva y “les pertenece”. Dicha integrante sostiene asimismo, que ella misma creó el nombre “Casa Grande”. A continuación, transcribo un post que yo misma escribí en el muro de mi primera página de Facebook “Blog de Constanza Moreira”, el 10 de octubre de 2013, y donde por vez primera se utilizó públicamente la denominación “Casa Grande: "Yo le llamo la “casa grande” a este espacio en el sentido de que todo los grupos que han querido apoyar la candidatura han sido bienvenidos con algunos principios básicos, algunos principios de plataforma mínimos: ética lo más irreprochable posible, coordinación política permanente y tener una actitud en relación a la campaña que no sea anti Tabaré, que no sea anti Frente Amplio sino que sea la búsqueda de otra cosa, la búsqueda de una alternativa." (Disponible en:https://www.facebook.com/BlogConstanzaMoreira/posts/592062647522318).