Frente Amplio

Constanza Moreira: Venezuela es un nudo gordiano de la política mundial

Compartimos la intervención de Constanza Moreira en el senado el jueves 14 de febrero sobre Venezuela.

Empiezo por lo primero en el sentido de que el tema viene acaparando la agenda mundial. Me pregunto por qué. No vi a los países de la Unión Europea o al señor presidente Trump preocupados por la destitución de Dilma Rousseff, por la prisión de Luiz Inácio Lula da Silva ni por la extrañísima elección en Honduras, en la que se demoró alrededor de veinte días en dar a conocer el resultado: había un 5% de diferencia a favor del otro candidato y la Corte Suprema de Justicia decidió permitir la reelección cuando, en realidad, estaba prohibida por la Constitución. No vi que armaran un escándalo, pero ¿a quién le importa Honduras?

Creo que Venezuela acapara la atención mundial porque es un nudo gordiano de la política mundial; allí están China y Rusia, y hay petróleo. Se trata de la vieja lucha por el poder geopolítico en América Latina.

La política exterior del Uruguay merece un reconocimiento, dado que un país pequeño como el nuestro protagoniza un encuentro con más de cincuenta países en el que logra hacer desensillar a la Unión Europea de su pretensión de celebrar elecciones en noventa días, mientras nombra un presidente encargado; repito: un presidente encargado. Más neocolonialista que ese lenguaje, imposible. El Uruguay es un país pequeño que logra desnudar lo que alguna vez llamé la mascarada del reconocimiento a Guaidó por parte de Trump y de la Unión Europea.

Guaidó tuvo 96.000 votos, y Maduro, 6:000.000. ¿Qué más podríamos decir que no haya señalado brillantemente el canciller? Hubo un 40% de participación electoral, y la participación para decirle que no al proceso de paz fue del 35%. En fin, no es por la participación electoral por lo que no se reconoce la legitimidad de Maduro.

No son elecciones fraudulentas las de Venezuela. Ese es un error y yo me dedico a ese tema. No son fraudulentas; el sistema electoral venezolano funciona muy bien, tienen votación electrónica. El fraude ha sido usado como amenaza política para deslegitimar el resultado electoral antes de que se produzca, lo cual es el sabotaje más terrible a la democracia porque la democracia es un sistema de elección de gobernantes donde no se sabe quién va a ganar, ¿no? Esa es la idea. El Consejo Nacional Electoral tiene cinco miembros. Dos de ellos fueron designados por la misma asamblea legislativa que hoy se arroga –por la mayoría que tiene– la potestad de ser el Poder Ejecutivo. Que un congreso quiera ser el Poder Ejecutivo es la cosa más loca del mundo. ¡Separación de poderes! No está bien que ese poder no funcione, porque el Poder Ejecutivo, en realidad, declaró que había habido elecciones fraudulentas en tales casos, pidió que se hicieran esas elecciones de nuevo y la oposición se negó. Todos tensaron la cuerda en la inoperancia de la Asamblea Nacional de Venezuela, pero la Asamblea Nacional de Venezuela no es el Poder Ejecutivo. Claro, puede destituir al Poder Ejecutivo como hizo el Congreso brasileño con Dilma, pero para eso faltan algunos pasitos intermedios. ¿Es legítima la Asamblea Nacional? Sí, seguro. Es legítima. Creo que también había proscripciones cuando se eligió la Asamblea Nacional y no le impidieron a nadie participar. Yo sí quiero recordar la historia uruguaya, porque el presidente Sanguinetti fue un presidente legítimo, a pesar de que en este país estaban proscriptos los dos principales líderes políticos: Wilson Ferreira Aldunate y Seregni. Sanguinetti fue un presidente legítimo y había proscripciones. Pero, además, el canciller también se refirió a eso. La actitud de no participar, el abstencionismo para deslegitimar instituciones es la peor práctica que existe. Es una mala práctica; yo no la aconsejaría nunca, salvo, claro, que estemos en dictadura, como lo hicimos en su momento.

¿Es legítimo el Gobierno de Maduro? Es legítimo el Gobierno de Maduro con el 46 % de los votos. ¿Hay presos políticos? En Brasil se llevaron como preso político al principal dirigente político de la oposición y acá a nadie se le movió un pelo. Reitero: al principal dirigente político de la oposición. Y ni voy a hablar de los asesinatos en Brasil. Ni voy a hablar de los trescientos asesinatos en Colombia. Pero, ¡claro! Eran campesinos, dueños de empresas de transporte. No importaban. Todos los días hay asesinatos en Colombia. Entonces en Brasil se llevaron preso al principal líder político en el juicio más turbio de la historia, dirigido por un juez que hoy es integrante del gabinete de Bolsonaro. ¡Es un escándalo! No es un escándalo solo para los que somos de izquierda; es un escándalo para cualquiera que tenga fe democrática en serio.

¿La legitimidad es un fundamento de origen? Lo que se cuestiona nunca es la legitimidad en el caso de Maduro sino la legalidad del proceso, y esto el señor senador Bordaberry debería saberlo mejor que nadie, porque su padre tuvo legitimidad de origen, pero fue juzgado por la ilegalidad del proceso. Entonces, cuando se discute la ilegitimidad de Maduro, digo «¡Qué raro! Porque lo que se discute acá es la ilegalidad del proceso; no es la legitimidad de Maduro». Y ahí pienso, «¡Pero, Constanza, no seas tronca!» ¿Por qué discuten la legitimidad? Porque discutir la legitimidad lleva al derrocamiento. Es una trampa mortal, pero es una trampa conceptual engañosa y venenosa. La legitimidad de Maduro está dada por un proceso electoral, de la misma manera que la legitimidad de la Asamblea Nacional está dada por un proceso electoral.

No hay democracias sensatas, señor senador Bordaberry; hay toda clase de democracias. Imagínese que la democracia funciona con la monarquía y para un historiador de la antigüedad hubiera sido impensable. Democracias con monarcas que dicen: «Y sí, Tony Blair, ahora podés ser primer ministro, pero lo tiene que decir la reina». Eso es muy extraño, pero en fin, hay democracias de todo tipo y tenor. Lo que mata a las democracias latinoamericanas hoy, antes y mañana son dos cosas –y hay litros de tinta escritos sobre eso–: la desigualdad y la injerencia externa que no ha dejado respirar a las repúblicas latinoamericanas desde que se liberaron de las cadenas de la monarquía. ¡Intervenciones extranjeras en América Latina es lo que sobra, señora presidenta! Pensemos en Chile, Haití, República Dominicana. Claro que si Artigas se levantara y viera a los países latinoamericanos coreando como ranas atrás de Trump, no mataría a nadie pero se moriría de nuevo.

La maniobra de declarar a Guaidó presidente contra Maduro –porque podían haber elegido a Falcón, que tuvo dos millones de votos, o a Bertucci, con un millón– es injerencista; es una maniobra colonialista y es violentatoria del derecho internacional, como ya lo explicó brillantemente Cancillería. Y no voy a abundar sobre eso, sobre la forma en la que se reconoce a los Estados y las condiciones que son necesarias para ello porque, además, mientras reconocen a Guaidó, todos están muy contentos en las embajadas, disfrutando de la seguridad que les da el Gobierno de Maduro, disfrutando de lo que el Gobierno de Maduro les proporciona y que hace viable esa actividad diplomática. Pero además es violentatorio del derecho nacional, porque creo que el artículo 233 de la Constitución venezolana no dice nada, nada que pueda encaramar a Guaidó como presidente.

Termino con esto. ¿Ayuda humanitaria? ¿Saben los problemas que tiene Venezuela para importar medicamentos, porque tiene las cuentas congeladas, porque no tiene crédito, porque se le quedaron con las reservas? ¡Y me vienen a hablar de ayuda humanitaria! ¡Pero es la hipocresía mundial! ¿Ayuda humanitaria? El pueblo venezolano puede estar sufriendo además de la polarización política que tiene por la mala gestión de Maduro o por la mala gestión de Chávez –qué duda cabe–, pero está sufriendo por el bloqueo económico; así que cuando el señor senador Bordaberry me venga a pedir que firme por las libertades políticas, yo le voy a preguntar si él estaría dispuesto a firmar en contra del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos y secundado por los otros.