Columnas

19 de Noviembre de 2015

El Ministerio de Defensa en el centro del debate sobre el presupuesto nacional

 

Uruguay está votando hoy un presupuesto en el marco de un escenario distinto al de los últimos dos períodos de gobierno. En primer lugar, la región se desacelera y estanca, y la vulnerabilidad brasileña, unida a la imprevisibilidad argentina, se diferencian de la región fuerte y en crecimiento de los años recientes. En segundo lugar, la tasa de crecimiento ya no proyecta ni al 6% (2004-2009) ni al 4.5% (2010-2014): hoy se ubica en el entorno del 2.7%. Ello lleva a que el presupuesto nacional tenga mayores restricciones que en el pasado y que las proyecciones sean a dos años –aunque el presupuesto siga siendo quinquenal-. Es por ello que cobra tanta importancia la discusión de justicia redistributiva dentro del Estado y tiene sentido oponer el aumento presupuestal en seguridad o defensa con el que demandan las políticas sociales, especialmente la educación y el Sistema Nacional de Cuidados. Debido a esto también hoy se debate sobre el presupuesto, las dimensiones y la necesidad de las Fuerzas Armadas (FFAA).

La primera pregunta es ¿cuánto gastan las FFAA en este país? Consumen (incluyendo a la Caja Militar y la Educación Militar) entre 2% y 3% del PBI, dependiendo de los cálculos (pensemos que hoy toda la educación insume 4.5%). El Ministerio de Defensa Nacional (MDN) es la segunda cartera más rica del país, después del Ministerio del Interior. Tiene un presupuesto cinco veces mayor al de casi cualquier otro Ministerio. Es un Ministerio rico, no pobre. Es un Ministerio con poder, con recursos, con personal. No sólo está lejos de estar en una “situación crítica”, sino que es un Ministerio absolutamente privilegiado. 

 

Pero eso no responde si las FFAA gastan “mucho” o “poco”. Para eso tenemos que comparar: con nosotros mismos y con la región.

 

Comparado con el pasado, las FFAA uruguayas hoy son mucho más grandes. Entre las FFAA de los años ‘60 y las del presente, hubo una dictadura que las fortaleció en funciones, recursos y poder decisorio. Treinta años de democracia no lograron sustraerle a las FFAA buena parte de los privilegios de otrora. Además de haber pagado “poco” y “mal” por los crímenes de lesa humanidad –y eso es materia aparte- y poco o nada por sus delitos económicos y sus apropiaciones indebidas de bienes públicos y privados, funciones enteras del Estado quedaron bajo su órbita: el servicio meteorológico (ahora en manos civiles), la aviación civil, la marina mercante, la policía aeronáutica, o el cuidado de parques nacionales. Tienen cuarteles desplegados a lo largo y a lo ancho del país desde inicios de siglo, y reforzados en la estrategia de “control interno” de los años ‘60.
 Hacia el decenio de los ’60 (con unas FFAA ya plenamente involucradas en “la lucha contra la sedición” y armadas y tecnificadas para ese propósito) había sólo 16 mil efectivos. Diez mil efectivos menos de los que tuvimos a inicio del anterior período de gobierno.

 

En comparación con la región, Uruguay está entre los países de mayor presupuesto militar.  El gasto en el presupuesto de Defensa sobre el PBI es superior al de Brasil, Venezuela o Argentina, tres países grandes y con desafíos militares de una envergadura que el Uruguay no tiene.

 

En síntesis: el gasto en defensa en el Uruguay, tanto en términos absolutos como en términos relativos no es bajo, sino alto: en la relación gasto/producto está entre los primeros lugares de América Latina. En la última década, prácticamente no ha habido progresos en este sentido.

¿Qué FFAA queremos y podemos tener? Tener esta discusión es difícil si el MDN no eleva un presupuesto “por programa” como elevan el resto de los incisos del Estado. El Distribuido 415/2015 del día 20 de octubre de 2015 de la Cámara de Senadores detalla las Áreas Programáticas del Estado, donde se determinan las políticas gubernamentales y se justifica su gasto. La página correspondiente al Área Programática “Defensa” está casi en blanco: el MDN no tiene programa, no define objetivos específicos ni políticas, ni alcance, no comparte funciones con ninguna otra repartición del Estado. Apenas se limita a señalar como objetivo:“Mantener un poder de disuasión sustentable y eficaz basado en el desarrollo y mantenimiento de las capacidades a favor de la defensa”. ¿Cómo poder evaluar si hay muchos o pocos militares, o si los hay muchos en el Ejército y pocos en la Marina? ¿Cómo poder evaluar las funciones regulares de la Defensa Nacional si el propio MDN no los define? ¿Cómo podríamos nosotros –legisladores de la Comisión de Presupuesto o Hacienda- saber si las compensaciones pedidas son justas o criteriosas si no hay objetivos definidos? Por último, ¿cómo podría participar la ciudadanía de un debate como este, si el único objetivo  programático definido por el MDN es “mantener un poder de disuasión razonable”?

Creo que hoy va quedando meridianamente claro que hay que acometer varias transformaciones en las FFAA y, lentamente, vamos logrando algunos acuerdos, aún con sectores de la oposición, aunque resta conquistar a los propios en esta discusión.

La primera transformación refiera al redimensionamiento de las FFAA. La tasa de efectivos per capita en el Uruguay es de 0.71% sobre el total de población, el doble del promedio latinoamericano y muy superior al de  Colombia (0.45%  de numero de efectivos sobre el total de la población), y es de las más altas del mundo. Es claro que esto no se justifica en un país como Uruguay. Así que nadie en su sano juicio puede afirmar que el número de efectivos militares en Uruguay es “escaso”: todos saben que es altísimo, y que con esos compromisos salariales será imposible, en un futuro cercano o lejano, aumentar los gastos e inversiones necesarios para mejorar el equipamiento, la tecnología y por consiguiente, la eficacia en las funciones regulares.  

Si las FFAA quieren pagar mejor a sus efectivos y a sus soldados, deberá hacerse una triple renuncia. En primer término, la necesaria renuncia a cubrir vacantes como única posibilidad de aumentar los salarios subalternos (y que se viene aplicando incluso desde antes de que el  Frente Amplio llegara al gobierno). Argumentar que eso generará “desempleo” es absurdo: no llenar las vacantes no significa que se despida a nadie. Y justificar cualquier institución del Estado “para dar empleo” es algo que se abandonó hace años, cuando el Estado comenzó a llenarse de funcionarios públicos como  práctica del clientelismo.

La segunda renuncia remite al compromiso –como se hace en el resto del Estado- a la redistribución de gastos entre las armas, condicionada a una política programática clara, que defina cuáles son las funciones, qué personal es requerido, y que inversiones y gastos sería necesario realizar en tal sentido.

Por último, se debe reestructurar la carrera funcional en las armas. El MDN es el único inciso del Estado donde alguien obtiene un ascenso independientemente de que haya una vacante, y comienza a cobrar por él, aún sin desempeñarlo (se llaman cargos “fuera de cuadro”). Esta situación es absolutamente contraria a todas las normas que aprobamos en el Estatuto del Funcionario Público, al que las FFAA no adhieren (pero que se aplican a Ministerios “pobres”, como el Mides, con gran dureza).

Lo otro que está meridianamente claro para todo el mundo, es que la Caja Militar, que cuesta casi como otro Ministerio de Defensa, desfinanciada y que pagamos con esfuerzo todos los uruguayos, necesita ser reformada. Nadie se jubila en este país con el 100% de su sueldo, y menos a los veinte años de trabajo y cuarenta o cincuenta de edad. Nadie se jubila, y cobrando la jubilación, compite en el sector privado pudiendo acumular los beneficios de ser activo y pasivo al mismo tiempo. Hace ya diez años, en el marco del Diálogo sobre la Defensa, el Frente Amplio se propuso reformar la Caja Militar. Este tema vuelve a estar sobre la mesa, y es importante defender esta reforma racionalmente, pensando en el bien común de todos los uruguayos, y sin alentar privilegios corporativos de ningún tipo.

Los compañeros que creen que defienden a las FFAA oponiéndose a la política de reducción de vacantes, sólo fortalecen el aspecto más corporativo, opaco y conservador de las mismas. Las fortalecen como corporación, cuando el objetivo de la izquierda es “descorporativizarlas” e integrarlas a la sociedad.

Las FFAA deben transformarse, modernizarse, democratizarse, y pasar a estar adecuadas al Uruguay del siglo XXI. Uno que no precisa cuarteles en todos lados, ni más aeropuertos de los que podemos mantener con dignidad, ni jóvenes pobres del interior del país forzados a alistarse para tener sueldo y comida. El Uruguay del siglo XXI es otro. Y unas FFAA aferradas al pasado, no colaboran a los proyectos de transformación del país.

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